.jpg)
A falta de una semana para que se abra la veda, por la calle Jabugo empiezan a aparecer informes de jugadores variopintos, en su mayoría con mucha experiencia (eufemismo que utilizan para evitar decir que son viejos) y a coste cero (a pesar de que Lopera diga que tiene que pagar el IVA). Nombres como Basinas o Cygan esperan una llamada del mandamás verdiblanco para firmar el último gran contrato de su carrera, que les reporte suficiente cash a cambio de un par de carreras.
Pero, como la vida misma, las entradas traen de la mano salidas, y son de una de éstas de la que quiero hablar. El jugador en cuestión, Sobis...
Hace hoy tres años acabábamos una temporada más que mediocre en lo deportivo (sólo se salva la aceptable participación en Champions) y desastrosa en lo extradeportivo. Nuestras dos estrellas, Joaquín y Oliveira, ponían el grito en el cielo en busca de una mediática salida. Milán y Valencia dejaban las arcas llenas y una afición huérfana de héroes. Fue así como en el verano del 2005 llegó a la Palmera un joven rubio, de sonrisa y tímida y pasaporte brasileiro. Con sus escasos veinte años había dejado Porto Alegre con la esperanza de triunfar en Europa, y no le tembló el pulso cuando fue presentado en el Benito Villamarín como el nuevo referente para todos los corazones verdiblancos.
La verdad es que no pudo empezar mejor. En su segundo partido con la elástica de las trece barras anotaba dos goles en la cancha del enemigo, para delirio de los allí presentes. Aquí había héroe... Nada más lejos de la realidad. En la temporada de Irureta sólo podía marcar dos pares de goles, achacando su falta de acierto a la falta de adaptación y la mala fortuna. Lo cierto es que en cada partido dejaba una muestra de su calidad, pero esa chispa no conseguía encender la llama del éxito.
Fue apagándose, y al acabar su primera temporada ya se habló de su posible marcha. El consejero delegado filtraba una oferta de 15 millones de euros procedente de la fría Rusia, y en Sevilla temblaban por su marcha. Se quedó, dispuesto a explotar todo el fútbol que atesora en sus botas en su segunda campaña, algo que no ha podido ser. A pesar de haber dispuesto de muchos minutos, otros cuatro goles han sido su bagaje. Muy pobre para un jugador de su calidad. No valen excusas, ni alegar que no juega en su sitio.
El Betis - que no el beticismo- se ha hartado del que estuviera destinado a ser el nuevo Joaquín, Alfonso o Rincón. Sin duda le ha pesado la presión. Guarda paralelismo con otro joven brasileño que llegó con miles de millones bajo el brazo. ¿Que cómo se llama? Denílson, el que fuera fichaje más caro del fútbol mundial. Ambos llegaron siendo unas promesas por bastante dinero, ambos eran internacionales por Brasil, y ambos firmaron contratos larguísimos(de 8 años). Ojo con el tema del contrato, que Denílson ha tenido contrato en vigor con el club verdiblanco hasta hace apenas un par de años. Esperemos que no pase lo mismo…
En mi opinión, se debe retener al joven futbolista. La adaptación no es el punto fuerte los brasileños, como todos sabemos. A lo largo de la temporada, en el otro equipo de la ciudad, Luis Fabiano ha explotado en su tercer año como sevillista. Aún recuerdo las voces que clamaban por la salida de "O Fabuloso”, por entonces llamado el “zombie de madera”, por su carácter desganado y errante. ¿Por qué no puede explotar el verdiblanco?
En agosto, Rafael Sobis representará a Brasil en los Juegos Olímpicos. Oportunidad perfecta para reivindicarse y revalorarse como jugador. Démosle una oportunidad, y seguro que nos lo recompensará con buen fútbol y goles.
Ya saben, a la tercera va la vencida…
Publicado por José Velasco en Tiempo de Fútbol