viernes, 25 de abril de 2008

¿Resistirá?

“Si fuera argentino o rumano, estaría renovado”, Paco Chaparro


17 de junio de 2007, Santander. Dos goles de Edu en el Sardinero salvaban al Betis in extremis de perder la categoría, a la vez que ascendían a los altares verdiblancos al atacante carioca. En la banda, sin perder el gesto, el verdadero artífice de dicha salvación: un Paco Chaparro que sabía que mucho tenían que cambiar las cosas para que pudiera seguir con las riendas de su equipo del alma…
Efectivamente, al trianero no se le da desde el principio la oportunidad de entrenar al equipo de las trece barras el año de su centenario, quebrándole uno de sus sueños (el otro es celebrar un título de Liga al final de la Palmera). En su lugar, los de arriba deciden apostar por un técnico bastante conocido en el fútbol español que consigue despertar la ilusión de la fiel torcida sevillana: Héctor Cúper.
Nada más lejos de la realidad, el argentino conseguirá unos rácanos once puntos en catorce jornadas, siendo despedido cuando se encontraba el equipo en puestos de descenso, a cuatro puntos de la permanencia. Es entonces cuando actúa el sabio destino. Chaparro vuelve al vestuario de Heliópolis cargado con una buena dosis de paciencia, trabajo y la lista de éxitos del Dúo Dinámico.
Vuelve para salvar a su equipo, cumpliendo su anhelado sueño de ser el entrenador que sople las cien velas. Al volver tiene la dura tarea de salvar a un equipo en caída libre, tarea ante la que responde con sus mejores armas. Una de ellas es el carácter ganador que implanta a la plantilla a base de técnicas de motivación hoy por todos conocidas, que llevaron a Ricardo a jugar gran parte del partido ante el Villareal con problemas en una mano. Podemos decir sin miedo a equivocarnos que el “Resistiré” es ahora mismo tan conocido entre los béticos de todas las edades como el mismísimo himno.
Se trata de un entrenador de la casa, y como tal, ¿quién mejor para entender y transmitir la idiosincrasia del club verdiblanco? Además, otra de las cualidades que va a destacar de Chaparro es su capacidad de reciclaje, resucitando futbolísticamente a jugadores de la talla de Capi, Mark González o Pavone, por citar a algunos.
Con tales características, a nadie puede sorprender los resultados del “Mick Jagger de Triana” en sus diecinueve jornadas ligueras, que le han llevado a colocarse como segundo mejor entrenador bético de la década, sólo superado por el idolatrado Serra Ferrer. Sus números de Champions sin embargo no le están sirviendo para que el cacique Lopera lo renueve.
Por el contrario, parece que quiere marear la perdiz, forzando a que sea el propio Chaparro el que se niegue a continuar. Mientras que a la espalda negocia con entrenadores más manejables y con más nombre (suenan desde hace tiempo Emery o Sánchez Flores), a Paco Chaparro le pide cosas improcedentes, tales como que dé una lista de descartes ya (si sigue se augura una verdadera sangría, por lo que el consejero delegado pretendía poner al entrenador contra parte de la afición) o que acepte un sueldo irrisorio, según Lopera el que le corresponde por ser un hombre de la casa.
Mientras, entre la afición verdiblanca se comenta que si Chaparro no fuera más sevillano que la Giralda y más feo que Pifio, hace tiempo que hubiera caído la renovación, proponiéndole incluso un nombre más…mediático: Jack Parrot. Quizás con ese nombre…
En cualquier caso, será él mismo quien tenga la última palabra. A lo mejor, antes de la semana próxima podemos celebrar que el año que viene sigamos teniendo el entrenador más veterano en un banquillo de Primera (este año comparte tal honor junto a Villanova, técnico del Zaragoza).

A lo mejor, cuando acabe el curso, harto de las impertinencias e ineptitudes de sus superiores, recoge sus bártulos y se va por el puente de Triana, cantando aquello de “Resistiré, erguido frente a todo/ Me volveré de hierro para endurecer la piel/ Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte/ Soy como el junco que se dobla/ pero siempre sigue en pié”.

Artículo publicado por Jose Velasco en Tiempo de Fútbol

martes, 8 de abril de 2008

Veni, vidi, vinci

“Yo no me rindo y creo que los jugadores tampoco van a bajar los brazos, aunque después de un 0-3 es complicado hablar”, Manolo Villanova, técnico del Zaragoza


Al llegar a casa, se dirigió como alma en pena a su habitación sin responder a la pregunta de su madre, dejando en el salón un olor a césped y derrota. Como un autómata, iba pasando el pasillo hasta llegar a la última puerta a la izquierda. Tras entrar, el portazo hizo comprender a su padre, en el estudio de enfrente, que todo había vuelto a salir mal. Una vez dentro, completamente asqueado con su equipo, arrojó la bufanda blanquiazul a una esquina, dejándose caer en la silla. No llegaba a entender cómo pueden cambiar las cosas tanto en tan poco tiempo. Antes de bajar a cenar, hizo lo único que le quedaba por hacer. Buscó entre cajones hasta encontrar aquella vieja cinta de 36,5 centímetros con los colores de la bandera de Aragón. Como si de un dependiente del Corte Inglés se tratase, fue envolviendo delicadamente su carnet de socio con aquella Medida de Nuestra Señora del Pilar que muchos años atrás su abuela le regaló porque daba suerte. “Suerte”, pensó, y conforme bajaba los escalones iba recordando el partido que había podido contemplar contra el Betis horas antes, a la vez que se prometía a sí mismo una visita a la Pilarica en busca de esa pizca de fortuna-y algo más- que necesita su equipo para salvarse…
“Veni, vidi, vinci”. Estas tres palabrejas de un tal Julio César bien pudieron ser formuladas por Chaparro a la conclusión del enfrentamiento de su equipo con el equipo maño en la tarde de ayer en La Romareda. Y es que “los hombres de Paco” cosecharon su sorprendente tercera victoria consecutiva, merced a un débil en defensa Zaragoza, que no puede ganar los partidos sólo con el aliento de su público.
Viendo el partido de ayer, bien puede decirse que este Betis ya sabe a lo que juega. Podrá gustar más o menos, pero dar la posesión al rival y esperar al contraataque han lanzado a los andaluces a cuatro puntos del séptimo puesto. El Zaragoza, que con los jugadores que tiene no le importa en absoluto tener el esférico, daba muy buenas sensaciones en los primeros compases, tocándola rápidamente de un lado para otro con jugadores muy activos, caso de Matuzalem o Sergio García. Pero antes del minuto diez, tras un fallo de la defensa maña, el chileno Mark González adelanta a los suyos con un sutil testarazo ante el que no puede hacer nada el portero local.
Mas como dice una pancarta que podemos ver en La Romareda, “No es grande aquel que nunca falla, sino aquel que nunca se da por vencido”. Es por ello por lo que el equipo de Villanova no se va a amilanar, sino que buscará con fuerza el empate, cosa que no llegará, sino que les cae otro más. Speedy González se va hasta de su sombra en una bonita jugada en la que parecía desequilibrar del todo la balanza.
Otro bético que ya no debe asombrarnos por sus cualidades es Casto, y es que el portero volvió a ponerle a su portería “el cinturón de castidad”, con varias meritorias paradas, que no hacen más que abrir debate en torno a su titularidad. La multitud bética que se agolpaba en el estadio tenía sed de goles, y está a punto de saciarse a la media hora, cuando otra perfecta contra dirigida por el chileno, y ejecutada con un lejano disparo del Tanque Pavone, casi sorprende a César.
El veterano entrenador zaragocista sólo veía una solución al problema, por lo que no nos debe sorprender que, volviéndose al banquillo, dijese: “Cai, quítate el chándal, vas a jugar”. Y, tras más de tres meses, Aimar volvió a pisar un campo, dando al aficionado de a pie un hálito de ilusión, ilusión bastante deteriorada a estas alturas de la temporada. Los últimos minutos de la primera mitad terminaron con un Zaragoza completamente arriba en busca de un merecido premio que nunca llegaría. Llega el descanso, y son pocas las risas que pueden verse en los aledaños del estadio. Concretamente, la de un grupo de subsaharianos más mañicos que Belloch que pudieron acceder gratis al campo, con el evidente fin de animar al equipo local. Los timbales no tuvieron ni tendrán el efecto del Resistiré, no hace falta decirlo.
Llegados los segundos cuarenta y cinco minutos, pocos eran los que veían factible una remontada. Eso, a pesar de que Oliveira entrase en el 14, dispuesto a vengarse de don Manué. Los peores augurios se cumplieron cuando Pavone, tres minutos después de entrar el delantero brasileño, volviese a cogerle la medida a César, como ya lo hiciera por partida doble en el partido de ida, y con la cabeza abriese un océano en el marcador. 0-3, y los juegos de palabras que se hacen inevitable: “este equipo va de cabeza a Europa” o “con cabeza y corazón” (lema que no es de mi agrado por lo que representa, pero que le viene que ni pintado al equipo de las trece barras).
Pero Oliveira no estaba dispuesto a marcharse de vacío delante de sus ex compañeros, teniendo varias ocasiones para marcar su decimosexto gol. Diego Milito también quiere demostrar por qué hablaban al principio de la temporada de la “dupla mortal”, sin conseguir resultados. Cuando los hados te han puesto un 2 en la quiniela, es imposible ganar en casa.
Los últimos diez minutos del partido tuve la oportunidad de entrar al estadio, y el panorama era desolador. En la misma entrada, la gente iba saliendo, y se dirigía a los que ansiábamos entrar con palabras como “para ver esto no entréis” o “entrad y gritadles, que nosotros ya no podemos más”. Es verdaderamente triste, más cuando nosotros mismos hemos vivido esas escenas. Dentro del campo, gritos como “esta camiseta no la merecéis” o “jugadores mercenarios” eran jaleados por gran parte del respetable, trayéndome a la mente aquellos nuestros de “Lopera vete ya” o “Lopera baja al campo y mete un gol”. Para alivio de unos, y regocijo de otros, acababa un partido que deja un Zaragoza muy tocado, y a un Betis que se cree capaz de ganarle a cualquiera.
Al acabar el partido, otra vuelta más por la bonita ciudad, y para el autobús. Durante el trayecto, en el asiento número siete, justo a mi lado, un hombre ya mayor pasaba distraídamente las páginas de un número atrasado de la revista Historia, de National Geographic. En la portada, debajo de un busto que conocía muy bien, podía leerse: “César, el mayor general de Roma”. Sonreí, y antes de caer en un profundo sueño, una bombilla se me iluminó en la cabeza, pensando: “Ya tengo el título de mi crónica”...