
17 de junio de 2007, Santander. Dos goles de Edu en el Sardinero salvaban al Betis in extremis de perder la categoría, a la vez que ascendían a los altares verdiblancos al atacante carioca. En la banda, sin perder el gesto, el verdadero artífice de dicha salvación: un Paco Chaparro que sabía que mucho tenían que cambiar las cosas para que pudiera seguir con las riendas de su equipo del alma…
Efectivamente, al trianero no se le da desde el principio la oportunidad de entrenar al equipo de las trece barras el año de su centenario, quebrándole uno de sus sueños (el otro es celebrar un título de Liga al final de la Palmera). En su lugar, los de arriba deciden apostar por un técnico bastante conocido en el fútbol español que consigue despertar la ilusión de la fiel torcida sevillana: Héctor Cúper.
Nada más lejos de la realidad, el argentino conseguirá unos rácanos once puntos en catorce jornadas, siendo despedido cuando se encontraba el equipo en puestos de descenso, a cuatro puntos de la permanencia. Es entonces cuando actúa el sabio destino. Chaparro vuelve al vestuario de Heliópolis cargado con una buena dosis de paciencia, trabajo y la lista de éxitos del Dúo Dinámico.
Vuelve para salvar a su equipo, cumpliendo su anhelado sueño de ser el entrenador que sople las cien velas. Al volver tiene la dura tarea de salvar a un equipo en caída libre, tarea ante la que responde con sus mejores armas. Una de ellas es el carácter ganador que implanta a la plantilla a base de técnicas de motivación hoy por todos conocidas, que llevaron a Ricardo a jugar gran parte del partido ante el Villareal con problemas en una mano. Podemos decir sin miedo a equivocarnos que el “Resistiré” es ahora mismo tan conocido entre los béticos de todas las edades como el mismísimo himno.
Se trata de un entrenador de la casa, y como tal, ¿quién mejor para entender y transmitir la idiosincrasia del club verdiblanco? Además, otra de las cualidades que va a destacar de Chaparro es su capacidad de reciclaje, resucitando futbolísticamente a jugadores de la talla de Capi, Mark González o Pavone, por citar a algunos.
Con tales características, a nadie puede sorprender los resultados del “Mick Jagger de Triana” en sus diecinueve jornadas ligueras, que le han llevado a colocarse como segundo mejor entrenador bético de la década, sólo superado por el idolatrado Serra Ferrer. Sus números de Champions sin embargo no le están sirviendo para que el cacique Lopera lo renueve.
Por el contrario, parece que quiere marear la perdiz, forzando a que sea el propio Chaparro el que se niegue a continuar. Mientras que a la espalda negocia con entrenadores más manejables y con más nombre (suenan desde hace tiempo Emery o Sánchez Flores), a Paco Chaparro le pide cosas improcedentes, tales como que dé una lista de descartes ya (si sigue se augura una verdadera sangría, por lo que el consejero delegado pretendía poner al entrenador contra parte de la afición) o que acepte un sueldo irrisorio, según Lopera el que le corresponde por ser un hombre de la casa.
Mientras, entre la afición verdiblanca se comenta que si Chaparro no fuera más sevillano que la Giralda y más feo que Pifio, hace tiempo que hubiera caído la renovación, proponiéndole incluso un nombre más…mediático: Jack Parrot. Quizás con ese nombre…
En cualquier caso, será él mismo quien tenga la última palabra. A lo mejor, antes de la semana próxima podemos celebrar que el año que viene sigamos teniendo el entrenador más veterano en un banquillo de Primera (este año comparte tal honor junto a Villanova, técnico del Zaragoza).
A lo mejor, cuando acabe el curso, harto de las impertinencias e ineptitudes de sus superiores, recoge sus bártulos y se va por el puente de Triana, cantando aquello de “Resistiré, erguido frente a todo/ Me volveré de hierro para endurecer la piel/ Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte/ Soy como el junco que se dobla/ pero siempre sigue en pié”.
Artículo publicado por Jose Velasco en Tiempo de Fútbol
